En cumplimiento de los puntos acordados en la convocatoria del concurso “Relatos de país”, promovida por la Fundación Guillermo Cano, a través de esta comunicación formalizamos nuestro veredicto unánime, ratificando como elementos centrales de la evaluación, la calidad de la escritura, la novedad del tema, la profundidad de su tratamiento, la variedad de fuentes utilizadas en la prevalencia de la voz propia en los relatos.
Desde el día en que se abrió la convocatoria se recibieron 129 trabajos desde los cuatro puntos cardinales del país, la mayoría de ellos enmarcados en las memorias personales y familiares de sus autores, sus vivencias en territorios caracterizados por las dificultades sociales, políticas y económicas, y la reconstrucción de sucesos que han condicionado el devenir colectivo en distintas regiones de la geografía colombiana.
Con base en estas consideraciones generales, cada uno de los jurados adelantó la lectura individual de los textos y, para facilitar su evaluación, cada jurado seleccionó diez trabajos para la deliberación final. El debate para compartir los puntos de vista y apreciaciones personales se realizó el pasado 1 de diciembre, y estas son las conclusiones de esa evaluación colectiva con los nombres de los trabajos exaltados y sus autores.
El texto ganador del concurso “Relatos de país”, convocado por la Fundación Guillermo Cano es el trabajo titulado “Cuando el miedo se llena de agua”, firmado por Alex Manuel Galván Guzmán, enviado desde el departamento de Córdoba. Con destacada fuerza narrativa y suficiente distancia de los lugares comunes, el relato se centra en la cotidianidad del pueblo palenquero de San José de Uré, en el alto San Jorge, en territorio de Córdoba.
Es un relato en el que se advierten las dificultades provocadas por la confrontación armada, el azote del invierno o los frecuentes derrumbes en la minería aurífera, en medio de una población que resiste y que, especialmente a través de la persistencia y valentía de sus mujeres, mantiene las esperanzas del pueblo y controla el miedo. Una síntesis de país a través de una crónica impecable en la que los símbolos de la región identifican el coraje de su gente.
El segundo trabajo escogido por el jurado lleva por título “El bajo Anchicayá: donde la selva canta y la esperanza muere”, firmado por Esteban Ortiz Montoya desde Cali, Valle del Cauca. Una crónica de viaje en primera persona que aborda desde la exuberancia de su geografía, la descripción y análisis sobre la cotidianidad de un territorio estratégico de la región occidental de Colombia, desafortunadamente asediado por la ilegalidad.
A través de una narrativa sugerente y musical, el autor describe la naturaleza selvática con tono casi místico, al tiempo que va descubriendo las especies de aves que le dan a la región un distintivo de belleza y biodiversidad. El contraste del relato surge de constatar que, en ese espacio maravilloso, en vez del cuidado colectivo de este tesoro natural, prevalece un entorno de peligrosidad y de indebido aprovechamiento del territorio.
El tercer trabajo resaltado por el jurado calificador lleva por título “Bajo el techo del diablo”, firmado por Daniela Catalina Porras Suárez, desde el departamento de Cundinamarca. Con atributos en la narrativa para la descripción del territorio y sus particularidades, la autora realiza un recorrido por la pintoresca historia y la cotidianidad en el municipio boyacense de Tópaga, situado en la provincia de Sugamuxi, a 98 kilómetros de Tunja.
Además de la valoración geográfica de la región, el texto aborda desde la reportería, facetas atractivas de su historia que hoy permiten exaltar al diablo en un antiguo templo católico, 33 espejos puestos por los jesuitas para recordar a los indígenas cómo mirarse sin entregar el oro, la devoción a San Judas Tadeo tan importante como el Festival de la Cachanga, y la creatividad artesanal más significativa que la minería carbonífera.
El jurado calificador decidió otorgarle un reconocimiento especial al trabajo titulado “Donde el silencio habla: la vida de Kendrik en Providencia”, firmado por Luz Marina Livingston Bernard, desde la isla en el Caribe colombiano. El esmerado relato cuenta la vida de un joven pescador sordomudo que se perdió en el mar. La autora falleció en el mar días después de enviar su crónica, y hoy la Fundación Guillermo Cano rinde un homenaje en su memoria.
Finalmente, además de sugerir la continuidad del concurso, con la colaboración de la plataforma digital de El Espectador, el jurado plantea la posibilidad de que siete trabajos más sean publicados como estímulo a sus autores. Los trabajos son “Los últimos lecheros de Bogotá, una especie en vía de extinción”, escrito por Norma Maribel Bolaños Quiroz; “Crónica de un pueblo con alma caliente”, enviado por Brenda Katerine Pérez desde Ipiales, Nariño.
De igual modo, los textos “Faenas de un anafe de barro negro”, escrito por Rosalba Polanco Mayorga desde Camarones, Guajira; “El sancocho trifásico de Barrancabermeja: tres carnes, mil historias”, escrito por Daniel Jesús Barba Yanes; “El jardín de la Guajira que sobrepasa cualquier croquis”, escrito por Jhonatan Raúl Díaz Torres desde Guajira; “La mujer que desplumó a cinco comandantes paramilitares”, escrito por Rodolfo Celis desde Cesar; y “El fotógrafo”, escrito por Pablo Nicolás Burgos, desde Antioquia.
Firman:
Ana María Busquets de Cano

Maryluz Vallejo Mejía
Jorge Cardona Alzate
